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13

ago

2009

Unidad Educativa Santa Mariana de Jesús (Portoviejo)

RESEÑA HISTÓRICA

 

Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores

      (Patrona de la Institución)

 

Mariana de Jesús Paredes y Flores, nació en Quito (Ecuador) el 31 de octubre de 1618, era Hija del capitán español Jerónimo de Paredes y Flores y de la noble Mariana Jaramillo. Antes de cumplir los siete años se quedó huérfana y pasó a encargarse de su educación una de sus siete hermanas, Jerónima, esposa del capitán Cosme de Miranda. Pronto empezó a cultivar una intensa piedad y mortificación y, bajo la dirección del jesuita Juan Camacho, hizo voto de virginidad perpetua. Sin ingresar en ninguna Orden religiosa se consagró a la oración y a la penitencia en su propia casa hasta límites insospechados. Se propuso cumplir aquel mandato de Jesús: "Quien desea seguirme que se niegue a sí mismo". Y desde muy niña empezó a mortificarse en la comida, en el beber y en el dormir. Su afán apostólico y de caridad hacia los demás le llevaron a intentar ejercer de misionera entre los indios mainas y a asistir a los enfermos y desgraciados.


El 6 de noviembre de 1639 ingresó en la Tercera Orden de Penitencia de San Francisco de Asís, la que mejor se acomodaba a su espíritu de renuncia.
María recibió de Dios el don de consejo y así sucedía que los consejos que ella daba a las personas les hacían inmenso bien. También solía anunciar hechos que iban a suceder en lo futuro (incluyendo la fecha de su muerte, que según anunció sería un viernes 26).

 

Beata Mercedes de Jesús Molina y Ayala

           (Fundadora de la Institución)

 

¿Quiénes somos y que hacemos las Marianitas?

 

Somos mujeres consagradas al servicio de las personas, con preferencia a los más necesitados, labor que realizamos con alegría, acogida, solidaridad,fe, apertura y cultivamos una especial sensibilidad para llegar al otro.

 

"SER AMOR MISERICORDIOSO"

 

Somos presencia donde hay un dolor humano.

 

Vivimos nuestro apostolado o donación al Señor en Misiones, educación, promoción social, acompañamiento a las niñas huérfanas, niños de la calle y madres adolescentes.

somos gente como tú. la razón por la que hemos decidido vivir en Comunidad y dedicar nuestra vida al anuncio del evangelio es porque hemos tenido la maravillosa experiencia de encontrarnos con el señor. el nos ha invitado a estar con él y nosotros hemos aceptado esta invitación. lo hacemos siguiendo las huellas de la Beata Mercedes de Jesús Molina nuestra fundadora y Santa Mariana de Jesús nuestra patrona.

 

actualmente existen laicas marianitas consagradas a Jesús y comprometidos con el anuncio del evangelio, para que juntos laicos y religiosas bebamos de la misma fuente del carisma y espiritualidad Marianita.

Tenía un don especial para poner paz entre los que se peleaban y para lograr que algunas personas dejaran de pecar.

Se la llama "La Azucena de Quito" porque en una enfermedad le hicieron una sangría y la muchacha de servicio echó en una matera la sangre que le había sacado a Mariana, y en esa matera nació una Azucena. Con esa flor es pintada en los cuadros.

En 1645 hubo en Quito un gran terremoto, que causó muchas muertes por una terrible epidemia, que tenía aterrorizada a la ciudad. Un Padre Jesuita dijo en un sermón: "Dios mío: Yo te ofrezco mi vida para que se acaben los terremotos". Pero Mariana exclamó: "No, Señor. La vida de este sacerdote es necesaria para salvar muchas almas. En cambio yo no soy necesaria... te ofrezco mi vida para que cesen esos terremotos" La gente se admiró de esto, y aquella misma mañana ella empezó a sentirse muy enferma, y murió el 26 de Mayo de 1645. Dios le tomó la palabra y ya no se repitieron los terremotos y no murió más gente por ese mal. Por eso el Congreso del Ecuador le dio en 1946 el título de "Heroína de la Patria".

Fue beatificada por el Papa Pío IX el 20 de noviembre de 1853 y canonizada por Pío XII, el 4 de junio de 1950. Su festividad se conmemora el 26 de Mayo.
Mariana de Jesús Paredes y Flores

Mariana de Jesús Paredes y Flores (Rosa de Quito) nació en 1618 en la ciudad de Quito, entonces perteneciente al Virreinato del Perú. Sus padres fallecieron cuando ella aún era una niña por lo que se crío con la familia de su hermana.  Desde niña, Mariana se caracterizó por una profunda piedad y su vida espiritual. Pasaba largas horas en oración e invitaba a sus parientes a rezar el rosario. Marianita recibió su primera comunión a la edad de siete años, posibilidad que en aquella época era algo excepcional.  Su vida transcurrió en perfecta unión de Jesucristo. Según cuentan, Dios le concedió gracias y dones, además realizó numerosos milagros.  En 1645, sucedieron una serie de terremotos en Quito y luego una epidemia acabó con la vida de  muchos habitantes. El cuarto domingo de cuaresma, Santa Mariana ofreció su vida al Señor a cambio de la paz y la salud del pueblo. Poco tiempo después los temblores cesaron y la epidemia desapareció.  Santa Marianita de Jesús pronto enfermó y murió.  La santa ecuatoriana fue canonizada en 1950.
Fué la primera Santa Ecuatoriana, se la conoce como "Santa Marianita de Jesús"  o "La Azucena de Quito"

Por que en una enfermedad le hicieron una sangría y la muchacha de servicio echó en una matera la sangre que le había sacado a Mariana, y en esa matera nació una Azucena. Con esa flor la pintan a ella en sus cuadros.

En 1645 hubo en Quito un gran Terremoto, que causó muchas muertes por una terrible epidemia, que tenía aterrorizada a la ciudad...

Un Padre Jesuita dijo en un Sermón: Dios mio: "Yo te ofrezco mi vida para que se acaben los terremotos". Pero Mariana exclamó: "No, señor. La vida de este sacerdote es necesaria para salvar muchas almas. En cambio yo no soy necesaria... te ofrezco mi vida para que cesen esos terremotos"

La gente se admiró de esto, y aquella misma mañana ella empezó a sentirse muy enferma, y murió el 26 de Mayo de 1645.

Dios le tomó la palabra... y ya no se repitieron los terremotos y no murió más gente por ese mal.

Por eso el Congreso del Ecuador le dio en 1946 el Título de "Heroína de la Patria"
Se la venera cada 26 de Mayo, el Papa Pío IX la declaró Beata, y en 1950 el Papa Pío XII la Santificó.
Para recordar frecuentemente que iba a morir y que tendría que rendir cuentas a Dios, se consiguió un ataúd y en el dormía varias noches cada semana. Y el tiempo restante lo tenía lleno de almohadas que semejaban un cadáver para recordar lo que le esperaba al final de la vida.

Se propuso cumplir aquel mandato de Jesús: "Quien desea seguirme que se niegue a sí mismo". Y desde muy niña empezó a mortificarse en la comida, en el beber y dormir. En el comedor colocaba una canastita debajo de la mesa y se servía en cantidades iguales a todos los demás pero, sin que se dieran cuenta, echaba buena parte de esos alimentos en el canasto, y los regalaba después a los pobres. Uno de los sacrificios que más la hacían sufrir era no tomar ninguna bebida en los días de mucho calor. Pero la animaba a esta mortificación el pensar en la sed que Jesús tuvo que sufrir en la cruz. Se colocaba en la cabeza una corona de espinas mientras rezaba el rosario. Muchísimos rosarios los rezó con los brazos en cruz.

Como sacrificio se propuso no salir de su casa sino al templo y cuando alguna persona tuviera alguna urgente necesidad de su ayuda. Así que el resto de su vida estuvo recluida en su casa. Solamente la veían salir cada mañana a la Santa Misa, y volver luego a vivir encerrada dedicada a las lecturas espirituales, a la meditación, a la oración, al trabajo y a ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores. Se propuso llenar todos sus días de frecuentes actos de amor a Dios. Cada día rezaba 12 Salmos de la S. Biblia. Ayunaba frecuentemente.

María recibió de Dios el don de consejo y así sucedía que los consejos que ella daba a las personas les hacían inmenso bien. También le dio a conocer Nuestro Señor varios hechos que iban a suceder en lo futuro, y así como ella los anunció, así sucedieron (incluyendo la fecha de su muerte, que según anunció sería un viernes 26). Tenía un don especial para poner paz entre los que se peleaban y para lograr que ciertos pecadores dejaran su vida de pecado. A un sacerdote muy sabio pero muy vanidoso le dijo después de un brillantísimo sermón: "Mire Padre, que Dios lo envió a recoger almas para el cielo, y no a recoger aplausos de este suelo". Y el padrecito dejó de buscar la estimación al predicar.

En una enfermedad le sacaron sangre y la muchacha de servicio echó en una matera la sangre que le habían sacado a Mariana, y en esa matera nació una bellísima azucena. Con esa flor la pintan a ella en sus cuadros. Y azucena de pureza fue esta santa durante toda su vida.
Mariana de Jesús, Santa (1618-1645), virgen penitente y santa ecuatoriana.

Nació en Quito (actual capital de Ecuador y entonces integrada en el virreinato del Perú) el 31 de octubre de 1618 en el seno de una familia descendiente directa de los conquistadores españoles. Huérfana desde niña, fue tutelada por su hermana y pronto dio muestras de una precoz vida religiosa, retirándose a rezar y a practicar una fervorosa penitencia en su propia habitación, que acondicionó para tales fines despojándola de muebles, con la única compañía de una calavera. Sólo salía de casa para asistir a misa o recibir los sacramentos. Beatificada en 1853, el papa Pío XII la canonizó en 1950. Su festividad se conmemora el 26 de mayo.

Mariana de Jesús Paredes y Flores (Santa) Nacida en Quito el 31 de octubre de 1618. Terciaria franciscana proclamada «heroína nacional» (30 de noviembre de 1945) por la Asamblea Constituyente de Ecuador. Hija del capitán español Jerónimo de Paredes y Flores y de la noble Mariana Jaramillo. Antes de cumplir los siete años se quedó huérfana y pasó a encargarse de su educación una de sus siete hermanas, Jerónima, esposa del capitán Cosme de Miranda. Pronto empezó a cultivar una intensa piedad y mortificación y, bajo la dirección del jesuita Juan Camacho, hizo voto de virginidad perpetua. Sin ingresar en ninguna Orden religiosa se consagró a la oración y a la penitencia en su propia casa hasta límites insospechados. No le acompañó ningún fenómeno sobrenatural externo, que ella nunca quiso por considerarlo un peligro para su humildad. Su afán apostólico y de caridad hacia los demás le llevaron a intentar ejercer de misionera entre los indios mainas y a asistir a los enfermos y desgraciados. El 6 de noviembre de 1639 ingresó en la Tercera Orden de Penitencia de San Francisco de Asís, la que mejor se acomodaba a su espíritu de renuncia. Intentó hacer vida eremita a los pies del Pichincha, esperando conjurar los peligros del volcán. Cuando una serie de terremotos y epidemias asolaron el Ecuador, ofreció su vida para salvar a Quito (1645); al poco tiempo enfermó y murió. Fue beatificada por Pío IX (20 de noviembre de 1853) y canonizada por Pío XII (4 de junio de 1950).

 

Santa María Ana de Jesús de Paredes
(1618-1645)
por Gustavo Amigó Jansen, s.j.
La cristiana república del Ecuador puede presentar ante el trono de Dios y en el cielo de la Iglesia una digna émula de Santa Rosa de Lima en la fragante flor de santidad que se llama Mariana de Jesús de Paredes y Flores. Nacida en Quito el sábado 31 de octubre de 1618, de piadosos y nobles padres, fue bautizada el 22 de noviembre en la catedral y mostró desde sus primeros años entera inclinación a la virtud, especialmente al pudor y a la modestia virginal.
Huérfana de ambos padres desde los siete años, quedó al cuidado de su hermana mayor y del esposo de ésta, quienes la procuraron conveniente educación. Era Mariana de gran talento, de ingenio agudo, de inteligencia viva y precoz; se la preparó, por una parte, en las letras y, por otra, en la música; alcanzó mucha destreza en manejar el clave, la guitarra y la vihuela. También aprendió a coser, labrar, tejer y bordar, haciendo grandes progresos y ocupando así santamente el tiempo para huir de la ociosidad. Tenía una voz suave y dulcísima y una gran afición a la música, de tal manera que no dejó pasar un solo día sin ejercitarse en ella, aunque dedicándose a cantos religiosos, que la ayudaban a meditar y levantar su corazón incesantemente a Dios.

Ya desde su temprana edad su día estaba repartido entre la oración, el trabajo y algún recreo. Nos dicen sus compañeras que era muy inclinada al servicio de Dios; que celebraba todas las festividades de Nuestro Señor y de su Madre santísima, y de todos los santos, sus devotos, con mucha veneración, haciendo altares, ayunando sus vísperas, provocando y animando a todos para que hiciesen lo mismo, sin ocuparse en juegos y entretenimientos pueriles. Solía retirarse para orar a algún rincón de la casa, donde la hallaban con las manecitas juntas, repitiendo con fervor angelical el avemaría, que había aprendido apenas supo hablar. Tenía singular afecto a la Pasión del Señor, y desde entonces practicaba penitencias y austeridades, que más adelante serían mayores y más asiduas.
Un testigo afirma de su caridad para con el prójimo: «Se ejercitó cuanto pudo y permitía su condición en obras de caridad espirituales y corporales, en beneficio de los prójimos; deseando viviesen todos en el temor y servicio de Dios; y para el efecto diera su vida.» «Toda su conversación -añade una de sus compañeras- era de la gloria, de la virginidad y pureza, de la penitencia y vidas de los santos y santas, envidiándoles sus virtudes con santa emulación.»

Aunque suplicó ardientemente a Nuestro Señor que no la concediera favores sobrenaturales exteriores en esta vida, por su humildad profunda, sin embargo, hizo por su medio varias profecías y revelaciones, además de lograr especiales conversiones y santificación de varias almas.

A principios del año 1645 se sintieron frecuentes terremotos y desastrosas epidemias en Quito. La ciudad estaba consternada. Mariana, conmovida por la desgracia de su patria, ofreció a Dios su vida en expiación de los pecados y en alivio de aquellos males. Nuestro Señor aceptó la ofrenda, porque desde aquel momento (26 de marzo) cesaron los temblores y la ciudad comenzó a tranquilizarse. Mas apenas la Santa se retiró del templo, donde había hecho ante Dios su sacrificio, comenzó a sentir los sufrimientos de la terrible enfermedad de que murió dos meses más tarde: apenas pudo llegar por sí misma a su habitación y hubo de ir a la cama por no poderse tener en pie. Recibidos los santos sacramentos y entre sublimes afectos de amor divino, entregó su purísima alma a Dios el 26 de mayo de 1645, a los veintiséis años de edad.

A partir de su nacimiento para el cielo fue todavía mayor la veneración en que la tuvieron los quiteños y toda la nación por sus frecuentes milagros. El 17 de diciembre de 1757 Benedicto XIV introdujo su causa; Pío VI, el 19 de marzo de 1776, declaró heroicas sus virtudes. En 1847 Pío IX reconoció dos milagros suyos: el mismo Pontífice la beatificó el 20 de noviembre de 1853.
Oh Dios, Tú que quisiste que floreciese Santa Mariana aún entre los placeres mundanos como una azucena entre espinas con virginal pureza y constante mortificación. Concédenos, te rogamos, que por sus méritos y meditación nos apartemos del vicio y sigamos la perfección. Amén.

 

 

MISIÓN

 

Somos la Unidad Educativa Particular Católica Santa Mariana de Jesús, que brinda una educación inicial, básica y bachillerato de calidad con principios y valores cristianos basados en la pedagogía del amor postulados por Mariana de Jesús y Mercedes Molina, desarrollando competencias cognitivas, procedimentales y actitudinales para entregar a la sociedad seres humanos con bases sólidas de tal manera que se integren al sector productivo y o continuén con estudios superiores.

 

VISIÓN

 

Para el año 2012 seremos una de las instituciones educativas líderes en Manabí, brindando otras alternativas de bachillerato que satisfaga las demandas académicas y laborales del entorno, con un modelo pedagógico innovador, humanista, con infraestructura de calidad, tecnología de punta y recursos apropiados, para responder a las exigencias de la nueva sociedad del conocimiento.

 

 

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Comentarios: 4

  • #1

    Gabriela Patiño (miércoles, 12 agosto 2009 23:56)

    mi colegio super interesante el tema te felicito

  • #2

    Natali Gutierrez (lunes, 05 marzo 2012 01:07)

    adoro a mi colegio ♥

  • #3

    Joyce Constante (miércoles, 06 junio 2012 10:17)

    Los mejores anos de mi vida infantil y una parte de mi adolescencia estuvo en la Unidad Educativa Santa Marina de Jesus extrano demasiado a mi colegio, mis amigos y algunos profesores, generacion 2013 los llevo en mi corazon.Donde quiera que vaya.

  • #4

    romina rivas (sábado, 07 julio 2012 11:42)

    solamente estuve hasta 7mo grado pero es un gran colegio y lo sigo estranando,a mis profesores y especialmente a mis companeros porque siempre estuvimos juntos.

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